Crítica Literaria
La experiencia
Tomás Barrientos era persona de juicio y de prudencia. Nunca tomaba resolución alguna sin meditarla largo rato y sin pesar ant…
La duda terrible de las apariencias
Pienso en la duda terrible de las apariencias,
En la incertidumbre en que nos hallamos, pienso que quizá somos juguete de una ilusi&…
La gota de agua que no quería perder su "individualidad"
Por la noche, en el verano, a partir de las doce pueden regarse los tiestos.
Se supone que a las doce –y se supone mal– nadie pasar…
La amante de Santiago
Todos los amigos de Santiago estaban sorprendidos de aquella predilección suya por una mujer de aspecto tan vulgar.
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Las joyas
El señor Lantín la conoció en una reunión que hubo en casa del subjefe de su oficina, y el amor lo envolvi&oacut…
Mari Belcha
Cuando te quedas sola a la puerta del negro caserío con tu hermanillo en brazos, ¿en que piensas, Mari Belcha, al mirar los mo…
La tercera orilla del río
Nuestro padre era hombre cumplidor, de orden, positivo; y así había sido desde muy joven, incluso desde niño, seg&uacu…
Las cerezas
A Rubén Darío
Cuando yo sumaba apenas trece años, ya la adolescencia había ceñido a la blanca frente de m…
Un silbido
El entusiasmo caldeaba el teatro. ¡Qué debut! ¡Qué Lohengrin! ¡Qué tiple aquella!
Sobre el rojo …
Amor, eternidad
Estaban apoyados en la barandilla mirando la ría. Una ligera neblina se enredaba en lo alto de las grúas, que se alzaban como …
Dos cenas
-Hoy es un día muy señalado y una noche en que no se debe cenar solo -dijo Rosálbez, el banquero, a su amigo el joven c…
Monónogo del insumiso
Homenaje a M. A.
Poseí a la huérfana la noche misma en que velábamos a su padre a la luz parpadeante de los cirios. (&i…
Las caras
Al divisar, desde el tren, de bruces en la ventanilla, las torres barrocas de Santa María del Hinojo, bronceadas sobre el cielo de un…
La prisión a la orilla del mar
A Antonio De Zayas
En San Sebastián hay una cárcel a la orilla del mar.
En otros muchos puertos he visto grandes pr…
El nadador
Era uno de esos domingos de mitad de verano en que todo el mundo repite: «Anoche bebí demasiado.» Lo susurraban los felig…
La muerta
Aquella caseta de peones camineros fue puesta por orden de la Compañía al borde de un torrente seco, especie de cicatriz negra…
Los mudos
Aquella tarde, en el paseo, llamó mi atención un grupo original.
Formábalo una mujer, joven aún, como de trein…
Un divorcio
Hacía un mes de su matrimonio... ¡Cuánto se quisieron de novios! ¡Qué deliciosa pareja formaban despu&eacut…
Biografía breve
Francisco Gómez de Quevedo y Santibáñez Villegas, más conocido como Francisco de Quevedo, nació en Madrid…
La yaqui hermosa
Los indios yaquis—casta de las más viriles entre los aborígenes de Méjico—habitan una comarca fértil y rica de…